Jes Suis Paris 10
  • 4 diciembre, 2015

 

      Los atentados sufridos por la sociedad francesa han dado paso a un escalofrío de terror y el mundo entero vive en estado de emergencia. La sociedad se siente indefensa, estremecida y presa del miedo.

      El debate planteado es cómo responder a este claro ataque a la paz y a la libertad. En medio de la batalla psicológica, la hinchazón del lenguaje y el aullar de las ambulancias y de los coches policiales, surgen voces que corean una palabra terrible, mitad consigna, mitad pie de foto: guerra. ¿Puede ser –en el siglo XXI– la solución de un conflicto trenzado con elementos políticos, económicos, culturales y religiosos?

      Lamentablemente, personas sanguinarias capaces de apretar el gatillo de un arma viven en distintos rincones del mundo. Como hay fabricantes de armas que apoyan su economía en la fabricación y venta de instrumentos de destrucción. Los recientes atentados de París nos han abierto dolorosamente los ojos ante la fragilidad de la paz, el diálogo y la convivencia multicultural.

      Con la guerra como única respuesta ante la violencia, podemos entrar en un camino de difícil retorno. Al mismo tiempo, invocar la cláusula de solidaridad puede dividir y paralizar a quienes están a favor de la paz.

      Que estamos ante un momento de particular gravedad no se puede poner en duda. Por esta razón, la respuesta de la guerra puede ser la más inconveniente si no se controla la fuerza destructiva de las armas, no se miden las consecuencias de un bombardeo que puede cortar la vida de muchos inocentes y no se ponen las bases de un entendimiento duradero.

      El Presidente de la Comunidad Islámica de la República Centroafricana acaba de decir con ocasión de la próxima visita del Papa Francisco los días 29 y 30 de noviembre a Bangui: “El Papa puede ayudarnos a salir de esta situación, serenando los espíritus y abriendo las conciencias”. Serenar el espíritu, sanar el corazón, abrir las conciencias al compromiso ético universal de la defensa de la vida. Con estos materiales se construye la paz verdadera. La guerra nunca ha sido remar a favor de la civilización y del progreso.

¡Qué triste sería que el Adviento de 2015 tuviera un prólogo de bombas y de muerte!

comp-1_000009       Je suis Paris 8