Beatriz Merino
  • 30 abril, 2015

     La Pascua de 2015 coincide con la recta final de la celebración del cincuentenario de la apertura oficial del COLEGIO MAYOR UNIVERSITARIO SAN AGUSTÍN. Pascua es vida, alegría, esperanza. ¿No se asienta sobre este mismo trípode la realidad de un Colegio Mayor?

     La alegría se asocia siempre a la felicidad y aprender a ser felices es una asignatura troncal en el aprendizaje de la existencia humana. Una felicidad incompleta, escurridiza y nunca casual. Que nadie piense en encontrarla como se encuentra una moneda por la calle o puede tocarle a uno la lotería. La felicidad es una conquista que va unida a llenar la vida de jugo, de proyectos, de sueños, de gestos de servicio a los demás.

     La esperanza es el motor de la vida. Cuando agoniza o muere, se cae en el pozo de la desesperación. Tampoco es un encuentro fortuito, sino una obra que hay que levantar día a día, ladrillo a ladrillo. Conviene que, de vez en cuando, viajemos al futuro. El futuro tiene rostros, nombres…El 15 de abril tuvimos la oportunidad de escuchar y conversar con seis “Excolegiales del Mayor San Agustín, profesionales hoy”. Su carrera también fue un largo pasillo de fatiga y de renuncias, una trenza de preocupaciones y alegrías. Vivieron abiertos a los demás y suplieron así flaquezas y dudas que parecían nudos difíciles de soltar.

     Alimentar nuestra esperanza y nuestra alegría, fortalecer nuestra ilusión por el mañana y tomarnos en serio el gozo de vivir puede ser un modo de que el cincuenta cumpleaños del Colegio se convierta en un trampolín de superación. Como lo es la Pascua del Señor resucitado que no es un relámpago pasajero anual de alegría, sino la gran fiesta de nuestra fe.