Misterio
  • 21 diciembre, 2015

              Dejamos atrás un siglo XX difícil y el siglo XXI, en sus quince primeros años, ya cuenta en su haber con un largo listado de tragedias humanas. Unas veces ha sido la indomable fuerza de la naturaleza, otras la guerra y la violencia provocada que dejan al descubierto el menosprecio de la vida humana. A este mundo tenso, complejo, cercado de problemas, ¿qué Dios llega la noche del 24 de diciembre? ¿De qué manera la Navidad puede ser una buena noticia para el hombre contemporáneo?

              La Navidad es la prueba repetida todos los años de que Dios nos ama y se dispone a vivir entre nosotros. Nuestro mundo moderno no es precisamente el más capacitado para entender esta cercanía de Dios. Decimos tantas veces que Dios está lejos, que nos ha abandonado, que nos sentimos solos…Parece que Dios fuera un padre que se marchó a los cielos y que vive allí acomodado, mientras sus hijos sangran en la tierra. Hay quienes viven suficientemente aplastados por situaciones de sufrimiento físico o moral para que se les sume la idea de un Dios insensible a su historia, que se escurre entre las luces que iluminan unos días las calles de las ciudades. La Navidad demuestra que eso no es cierto. Al contrario, el verdadero Dios no es alguien lejano y de voz atronadora, perdido en su propia grandeza, despreocupado del desvalimiento de sus hijos. Dios es alguien que abandonó los cielos para ser como nosotros, vivir como nosotros, sufrir y morir como nosotros. Éste es el Dios de la fe cristiana. No alguien que de puro grande no nos quepa en nuestro corazón, sino que se hizo pequeño para poder estar entre nosotros. Todo el que ama quiere estar cerca de la persona amada, si pudiera no se alejaría ni un momento de ella, viaja, si es necesario, para estar con ella, quiere vivir en su misma casa o lo más cerca posible. Lo mismo Dios.

            Viaja a tu interior, puedes descubrir que estás habitado y que Dios te espera como el amigo más íntimo. Ese encuentro será la mejor Navidad.