El Nuevo Año En Nuestras Manos 2
  • 9 enero, 2016

       El mundo no son los demás, la Universidad no son los demás, el Colegio tampoco son los demás. El mundo, la Universidad y el Colegio somos todos. El año 2016 es un puñado de arcilla informe y cada uno de nosotros puede dejar marcada la huella de sus manos para transformarlo en una pequeña obra de arte. Hablamos a través de las manos, colocamos las manos sobre el teclado del ordenador, saludamos y acariciamos con las manos, los dedos son las terminales del arte, pulsan las cuerdas de la guitarra, el arco del violín…

       Nadie es una isla y nadie es un espectador en la escena humana. Desearnos los unos a los otros Feliz año nuevo, no puede ser intercambiar una moneda falsa, sino un pacto común de colaboración, de caminar juntos en una misma dirección. Desde la pereza o la abstención no se construye un año feliz. Tampoco tiene sentido el lamento estéril de quienes repiten cada día el mantra “¡Qué mal están las cosas!”.

       Aunque, inevitablemente, la película del 2016 también nos ofrezca imágenes dramáticas, hay que continuar bajando los sueños de la nube de la utopía. Pensar en el desarme universal, en una distribución más equitativa de la riqueza, en el progreso moral de los pueblos o en una paz duradera que suponga el final de las interminables crónicas de guerras sucesivas, puede ser mucho más que una lista de tareas imposibles.

       El profeta Isaías proclama: “De las espadas forjarán arados; de las lanzas podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrará para la guerra” (Is 2, 4). El rescoldo todavía humeante de la Navidad hay que convertirlo en una luz que parpadee los trescientos sesenta y seis días de este año. Por lo menos.