Sesión CMUSA 0020
  • 1 junio, 2015

     Si introducimos en una coctelera el calor pegajoso de estas fechas, la proximidad de los exámenes y la torre de apuntes que cada uno tiene sobre la mesa, el resultado es que, inevitablemente, salta el pánico y nos sentimos cercados por la ansiedad y el estrés. Así es, y el estado de ánimo del estudiante en los primeros días de junio puede ofrecer síntomas de inestabilidad e irritación. A la dificultad de un temario que nos desborda y un calendario que nos atemoriza, podemos sumar nosotros mismos obstáculos que entorpecen todavía más el camino. Por ejemplo, los pensamientos negativos de fabricación propia: “¿Y si me quedo en blanco?” “¿Y si me preguntan algo de los temas que menos domino?”. La acumulación de miedos debilita psicológicamente a las personas y aumenta la probabilidad de una mente turbada.

     También es mal compañero el perfeccionismo que es la negación de que yo –como todos los mortales– pueda equivocarme o que los resultados no estén en la misma línea del esfuerzo invertido.

     Es necesario saber gestionar el tiempo de exámenes porque la vida universitaria está sembrada de pruebas encaminadas a evaluar los conocimientos de los estudiantes. Hay tareas tan necesarias como las horas delante de los libros. Una autoestima positiva, un control razonable de la propia vida, un talante optimista, una actitud de benevolencia con nuestros propios errores, un cierto equilibrio emocional…Alguien ha dicho que el infierno es sentirnos a la deriva y el cielo es gobernar nuestro barco.