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  • 21 junio, 2015

     Este Papa diferente que es el Papa Francisco, no ha dudado en denunciar que vivimos en la burbuja del consumo y con el corazón anestesiado ante el sufrimiento ajeno. Con la misma energía ha condenado las armas químicas y ante los niños muertos en Siria lanza una campaña de oración para evitar una nueva guerra. A los representantes de las diferentes confesiones religiosas del mundo les ha invitado a unirse para resolver el problema del hambre y de la falta de educación… Este Papa, espontáneo, libre y natural en sus gestos y sus palabras, acaba de publicar una encíclica “Sobre el cuidado de la casa común”. La hermosa casa común no es otra que el mundo físico, la naturaleza, adornada por el agua, el sol, las estrellas, y habitada por el ser humano.

     Esta casa común que todos ocupamos está, sin embargo, perdiendo su encanto porque la mano agresora del hombre la está hiriendo de muerte. Es un problema muy serio que hay que frenar para no vernos cercados irremediablemente  por la contaminación o el agua contaminada. El clima es un bien común que todos tenemos que cuidar.

     El resultado de este proceso de degradación es el deterioro de la vida humana que hunde sus raíces en el egoísmo de quienes se sienten propietarios únicos del universo. La respuesta positiva es una ecología integral que no es otra cosa que cuidarse cada uno a sí mismo, cuidar a los demás, cuidar nuestro mundo, nuestras culturas, nuestra hermana tierra que  es el escenario donde nos movemos.

     Las vacaciones facilitan un mayor contacto con la naturaleza. Vamos a firmar el compromiso de ser protectores de la creación entera, de no mirar a nadie con indiferencia, de dar infinitas gracias a Dios por habernos  preparado una habitación con vistas a  la belleza que nadie hubiera imaginado.