CUARESMA 2
  • 5 febrero, 2016

      Parece un acertijo propio de la página de los periódicos donde aparecen los jeroglíficos, sudokus y autodefinidos. Este febrero nuestro es noticia porque es mes bisiesto –tiene 29 días– y porque nos ofrece tres convocatorias que comienzan por la letra C: Carnaval, Cuaresma y Conversión.

      Carnaval es disfraz de quita y pon, fiesta fugaz que concluye con un entierro grotesco. Cuaresma es línea de salida hacia la celebración gozosa de la Pascua de la resurrección de Jesús que es fuente de nueva vida. Conversión es camino, tarea inacabada para todos los preocupados por el difícil arte de vivir, los deseosos de cambiar el corazón. Cambio interior delicado y paciente, como el escultor que modela a diario el barro con sus dedos. Quien se niega a cambiar, renuncia a conocerse y a superarse.

      Cada uno tiene que dar un paseo por su propio mundo más íntimo para descubrir los rincones más oscuros y necesitados de atención. Tendríamos que estar muy ciegos o ser muy orgullosos para concluir rápidamente el viaje y decir que gozamos de una perfecta salud en nuestra relación con nosotros mismos, con los demás y con Dios.

CUARESMA 3

      No nos tratamos bien cuando descuidamos nuestro trabajo, nuestro tiempo libre, nuestro cuerpo…No tratamos bien a los demás si nos falta un empeño exquisito por el respeto, la amistad, la generosidad. Y tampoco tratamos bien a Dios cuando pasamos los días y las semanas instalados en la indiferencia y la mediocridad.

      La mayoría de las personas somos ajenas a un pulso serio con grandes dudas de fe. Sería más sencillo y más honesto reconocer que perdemos todos los partidos que jugamos con la pereza y vaciamos nuestra vida de espacios para la reflexión. Vivimos de espaldas al silencio, la adoración y la alabanza. Un médico perspicaz diagnosticaría síntomas de anemia espiritual y pobreza de defensas para afrontar las contrariedades diarias.

      La Cuaresma de 2016 –que comienza el día 10 con el miércoles de Ceniza– es la Cuaresma de la misericordia, la oportunidad de una aventura espiritual que nos lleve a recibir ese perdón de Dios que llega hasta las raíces más profundas de nuestra existencia y nos hace sentirnos renacidos.