Parece que fue ayer cuando con 17 años, emocionados y temerosos por todos los cambios que iba a suponer el comienzo de la vida universitaria, pisábamos por vez primera Madrid y un Colegio Mayor Universitario. En un primer momento, buscábamos un lugar tranquilo donde dedicarnos plenamente a estudiar para terminar un día la carrera soñada, conocer nuevos compañeros y poco más ¡Que equivocados estábamos! El Colegio Mayor San Agustín pronto se convirtió en nuestro hogar, el estudio era una exigencia diaria de esfuerzo y sacrificio y aquellos compañeros desconocidos se convirtieron no solo en nuestros mejores amigos, sino en parte de la familia.

Quizá por nuestro entorno familiar, el ambiente en el que nos hemos criado o conversaciones entre nosotros, todos hemos acabado estudiando ingeniería. De igual modo, a pesar de que nos describieron cómo podría ser el primer contacto con nuestros compañeros, nuestra experiencia fue totalmente sorprendente e inesperada. Y es que los temidos veteranos no eran tanto como nos los habían pintado, se pusieron a nuestro lado como verdaderos tutores que nos enseñaban qué cosas podía ofrecernos Madrid. Querían que nos sintiéramos bien y que la separación de nuestras familias no fuera tan dura. A partir de este momento, empiezas a sentir el SanAgus como tu hogar y a toda su gente como parte de tu familia.

Nuestros años como colegiales fueron increíbles. El Colegio se convirtió en un lugar entrañable donde sentirse seguro y querido, como en casa. La pequeña habitación y el largo pasillo que compartíamos todos comenzó a ser como esa casa familiar donde vivíamos juntos. El famoso “sentimiento colegial” que tanto se repite en los cánticos del Colegio Mayor es algo que existe y prevalece durante el resto de nuestras vidas. Tus amigos se convierten en tu familia, en personas a quienes echas de menos en los meses de verano y estás deseando volver a ver.

Es increíble cómo el orden de las prioridades que tienes cuando llegas al colegio cambia y te das cuenta de lo que de verdad importa. Estando tan lejos de casa colocas en primera línea de intereses la familia y deseas compartir con ellos los mejores momentos. Hoy, hemos dado un valor superior a la amistad, conservamos los buenos amigos que hemos tenido durante la infancia, pero la lista se ha alargado y se ha fortalecido los vínculos con aquellos con los que hemos convivido y a los que podemos llamar sin que nadie se sienta sorprendido “otros hermanos”.

Durante estos años no solo hemos forjado unos principios y una responsabilidad personal, sino que hemos aprendido unos valores que nos permiten afrontar el futuro con autonomía y seguridad.

En definitiva, el SanAgus es algo que siempre recordaremos con mucho cariño, y citar su nombre es sentirnos arropados y volver a unos años felices. Es y ha sido, “una escuela para la vida”, una oportunidad de conocernos como personas y sentirnos orgullosos de esta gran familia.

Quién sabe si en el futuro, alguno de nuestros familiares más próximos decidirá estudiar en Madrid, pero en caso de que así sea, no tenemos ninguna duda de que vamos a invitarle a que nuestro Colegio sea también el suyo.

palabras_la-familiaDe izq. a der. David, Sergio, Fausto y el pequeño Marcos