Curso 2015 CMUSA 0062
  • 15 mayo, 2015

     El curso ha entrado en su tramo final. Intercambiamos deseos sinceros de éxito, preguntamos por el resultado del último examen, pero las más de las veces todo queda en la repetición de unas frases protocolarias.

     Nadie tiene como nombre propio estudiante, universitario, aeronáutico o periodista. El sustantivo es otro que aparece en nuestro DNI y que nos identifica como personas. Del estado de equilibrio personal, el grado de estabilidad emocional, la fortaleza de nuestra voluntad y el dominio de unas técnicas básicas de estudio, dependerá el rendimiento del trabajo intelectual.

     El tiempo de exámenes es tiempo de cuidarse de modo especial, de poner en orden tanto el propio mundo interior como la torre de apuntes que tenemos sobre la mesa, de manejar con sabiduría el esfuerzo y el descanso.

     En un platillo de la balanza, el calendario de exámenes, la exigencia de  una mayor concentración, un horario más amplio de biblioteca, días que hay que programar con seriedad. En el otro platillo, fortalecer la autoestima, creer en nosotros mismos, trabajar ese entramado íntimo basado en el patrimonio de nuestros valores y convicciones.

     Hay quienes,  con mil variantes y rodeos  buscan razones para hacer permanentemente de abogados defensores de sí mismos estirando argumentos de escasa consistencia. Otros se entretienen inútilmente en compararse con los demás y en la contemplación de las carencias personales. Entre uno y otro extremo, la mirada comprensiva e indulgente hacia la propia persona. Saber perdonarse y no dar cabida a pensamientos venenosos y demoledores.

     Se habla con acierto de “carrera universitaria”. Carrera de fondo, en ocasiones accidentada, con etapas y resultados desiguales. San Agustín escribe sabiamente: “Sembrad aunque no veáis todavía lo que habéis de recoger. Tened fe y seguid sembrando” (Sermón Morin 11, sobre las bienaventuranzas).