Paintball (6)
  • 11 marzo, 2016

         Un pequeño grupo de colegiales se dio cita hace unas semanas para jugar  unas partidas de paintball. Se recupera con ellos una actividad que, aunque no es mayoritaria, sí resulta bastante divertida para quienes la llevan a cabo.

         En plena sierra madrileña, y a una temperatura de cerca de 3°C, el paisaje nevado que pudieron encontrar se convirtió en el escenario perfecto para que los dos equipos jugaran cinco partidas. El circuito marcado se componía de tres niveles: Berlín, cuyo objetivo era resistir y mantener el sitio frente a los atacantes; Iglesia, un poblado del lejano oeste donde había que defender el edificio religioso y, finalmente, el de Ruedas, un campo abierto que impedía encontrar refugio desde donde poder atacar con seguridad.

         Durante cerca de tres horas, y pese a que el frío impedía que las bolas se dispararan bien, los equipos rivales efectuaron cerca de 2.700 descargas de pintura. Disparos que pusieron unas notas de color y diversión en una mañana cubierta de frío y nieve.

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